Debemos siempre buscar el rostro de Dios.
Si una persona prescinde de Dios, nunca será feliz. El que no tiene a Dios le falta todo.
El hambre de Dios crece cuanto más comulgas, te confiesas, y haces oración.
Cuando el Señor no te da hambre ni caramelo, pues vives de la Fe.
Ten hambre del Señor vive sumergido en Dios.
En ésta hambre de Dios uno se colma con la Misa, la Comunión, el Rosario, etc.
Crece en la capacidad del amor de Dios, del fuego de su amor, de la caridad.
Pídeselo a Dios, Él nos ha dado un corazón que debe ser al modelo de Cristo.
José Luis Iglesias
